Narra David De María
Yo lo que más quería, era que, Alondra se calmara. Pero al ver que nada daba resultado, la tomé de la mano sin decir nada, por el resto del camino a mi casa. Al llegar mi madre, cómo siempre, nos recibió con los brazos abiertos, era algo que admiraba demasiado de mi madre que, siempre estaba de humor, para ayudar a los demás.
–Hola chicos, bienvenidos – Nos saludó mi madre – Pasen por favor. Alondra, déjame darte un abrazo, hija.
Mi madre adoraba a mi chica, eso no se lo te