Narra David De María
Me quedé cabreado al máximo al ver que mi amada Alondra, se largó con el desgraciado de su abogado, dejándome como un reverendo pendejo, ahí afuera de la Delegación a pesar que le estuve gritando, cómo loco. Estaba furioso a morir. Con todo ese coraje, me subí al auto y me fui al Tec. Llegando allá, me encontré para colmo en la entrada, con Javier y con Julio, quienes al verme se me acercaron, para abordarme.
–Hola, David, ¿Cómo estás?, ¿Qué novedades nos tienes de Alondra?