Sage se estrelló contra el suelo, con el pecho agitado por respiraciones dificultosas. Todo su cuerpo le dolía y sus extremidades se sentían pesadas. Su visión se volvió borrosa, con la oscuridad cerrándose alrededor de los bordes. «¿Es esto el final?», se preguntó mientras sus ojos se cerraban lentamente. «¿He perdido?»
Entonces, un silencio profundo y pacífico lo envolvió, como si abrazara todo su ser. No había batalla. No había dolor. No había ruido. Solo paz.
Sage abrió los ojos lentamente