Sage no podía superar la decisión de Sora, que se había convertido en una pesada carga para él. La niebla a su alrededor se volvió más espesa y su corazón latió con fuerza, como un tambor que anunciaba la guerra. Sabía que cargaba con una gran responsabilidad del pasado, pero también sabía que su destino aún no estaba sellado. Justo en ese momento, la niebla se arremolinó con poder y, al disiparse, una nueva realidad tomó forma ante sus ojos.
Esta vez, Sage se encontró en un soleado prado. Las