Aurora se quedó congelada en su lugar, con los ojos aún fijos en el punto donde Ursula había desaparecido. Su corazón latía como una tempestad de emociones: ira, desconcierto, desconfianza y, sobre todo, miedo. Su respiración entraba en lentas y agudas oleadas mientras su loba corría dentro de ella, igual de vengativa y frenética.
Nunca dejes que Sage te reclame… o morirás.
Las palabras resonaban en su oído como un hechizo del que no podía librarse. Sus uñas se clavaron en las palmas de sus ma