Esto definitivamente me excita. No la posibilidad de lesionarme la tráquea, sino la sensación de la mano de Ares envolviéndome de esta manera.
—Me gusta eso… sentir tu mano así… —Confesé.
Ares pensó por un momento y me sentí curioso cuando mantuvo su palma en mi cuello y colocó la otra sobre mi boca, posicionando al mismo tiempo su dedo índice y pulgar para cubrir mi nariz.
—Podemos hacer esto. —dijo, sin impedir realmente el paso del aire. —Mantengo mi mano en tu cuello, pero sin presionar, y