Casi grité y comencé a saltar, pero me contuve para no estresar a mi nuevo hijo, así que me contenté con darle otro beso en su cabeza con pelitos grises.
—Gracias a Dios. —Patrick suspiró. El pobre debió pasar un mal rato con el gato. —No pueden arrepentirse, ¿entienden? Es su problema ahora, y me iré antes de que cambien de idea.
Me reí un poco, Ares también, y el destructor del frigobar caminó de espaldas mientras nos despedía felizmente a los cuatro hasta que corrió hacia su auto. Solos, ent