Terminé riéndome solo con ese pensamiento cuando cerró su notebook y ordenó los papeles sobre su escritorio, metódicamente, hasta que volvió a cerrar los botones abiertos de su camisa. Después se volvió a poner el traje, ajustándolo a su hermoso cuerpo, y casi babeé porque se ve irresistible con esa ropa.
Pero claro que lo prefiero cuando no lleva nada.
—Vamos a almorzar. —Anunció, caminando hasta la puerta y me obligué a reprimir otra risa por el pensamiento travieso que tuve.
Obedientemente,