No era un cariño, era solo otra parte de mi castigo. —…¿no es así, Maya? —De repente, desperté del trance al escuchar a Ares decir mi nombre y luego parpadeé, confundida, antes de mirarlo.
—Lo siento… no te escuché.
—Eric preguntó si soy un buen novio —explicó, y abrí mucho los ojos cuando sentí que su mano subía un poco más, hasta masajear suavemente mi zona intima a través de mis jeans ajustados. —Y yo le dije que siempre te trato muy bien. ¿No estás de acuerdo?
Siempre que lo merezca, sí, pe