—Dame tu celular. —dijo, simplemente.
Sin pensar en hacer una rabieta, saqué el teléfono de mi bolsillo y se lo entregué directamente en su mano extendida.
—Se quedará conmigo. —Explicó Ares, con voz comedida. — Puedes aprovechar este tiempo para pensar en cómo actuaste ayer con tu dominante.
Quería lloriquear y hacer una rabieta, tal vez pisotear el suelo, pero sólo asentí, resignada.
—Sí, señor. Pensaré con claridad, lo juro.
Ares esbozó lo que parecía una sonrisa orgullosa, pero tampoco me f