Al principio, no me sentí motivada a perder ni un segundo de mi tiempo mirándola, pero eso cambió tan pronto como vi al gatito amarillo en la vitrina.
Sin pensar demasiado, me alejé de Ares con una idea y lo tomé de la mano.
—Te voy a dar un regalo. —Anuncié, apresurada para no terminar retrasándolo, y pronto estábamos dentro de la tienda.
—¿Ahora? —Preguntó, un poco confundido, pero sin ofrecer resistencia.
Fui directamente hasta el gatito de peluche y casi me atraganté cuando vi el precio, po