¿Qué había sido eso?
Está bien, me salvó de un aluvión que, sin duda, me habría mojado a mí y a Verónica. Pero él fue quien lo propició. De no haber pedido un pato a la naranja, a sabiendas de que se le había dejado entrar después de terminado el servicio, yo habría salido temprano y no me habría siquiera enfrentado a la lluvia que, igual, la alcanzó a empapar a ella y, cuando le fui a colocar su pijama, me percaté de que no le había devuelto su gabán, que escurría agua.
Ahora me enfrentaba