Cuando llegamos a la piscina, noté que el veneno de Maléfica se había esparcido con velocidad. Podía sentir el peso de las miradas que me dirigían y hasta casi escuchar los murmullos de los rostros que reconocía como parte del equipo de producción. Lo que fuera que hubiera dicho Regina, no se limitó a susurrarlo solo en los oídos de Efraín Conde, sino que debió también regar su ponzoña en otros oídos y quizá fuera algo mucho más grave que el supuesto beso que le había dado a Filip, porque no cr