Teníamos, una vez, más día de prueba y yo había pasado una noche terrible con la idea siempre fija en mi cabeza de que en cualquier momento golpearían a la puerta de mi habitación para decirme que ya no seguiría participando en el concurso. Lo peor de todo fue tener que pensar no tanto en mi carrera como chef, sino en el hecho de que mi salida del certamen, al ser deshonrosa, afectaría la promesa que le había hecho a Verónica de permanecer, sino de forma definitiva, sí por lo menos un tiempo m