Los cuerpos de dos chicas se apretaron uno contra otro, en medio de ese gran abrazo que compartían.
—Dios, cuánto te extrañé, Leia— susurró Kristel al deshacer el abrazo.
Sus maletas estaban tiradas un par de metros más atrás, donde las soltó al ver a Leia entrando a esa zona del aeropuerto.
La cobriza sonrió.
—Y yo a ti, ha pasado tiempo, ¿no? — comentó Leia que todavía tenía rastros en su rostro pálido de las pocas horas de sueño.
—¡Claro que sí! A pesar de que parece que vienes en pijama, lu