El rostro de Leia estaba pálido y sus ojos temblaban incrédulos, casi asustados, la chica que se sintió descubierta no pudo más que boquear intentando justificar su presencia en el lugar, pero Darlene, a pesar de encontrarse tan cansada, conservaba rastros de la astucia que siempre la caracterizó.
—Lo sabes, ¿eh?
La cobriza apretó su cartera entre los dedos de sus manos, cerró sus ojos despacio y dejó escapar el aliento con suavidad, todavía sintiendo a su corazón oprimido latir fuertemente.
—C