Y mientras Leia tenía un respiro al quedarse sola, observó la cantidad de personas presentes, algunas ya sentadas en las distintas mesas, otras más disfrutando de un ligero baile al centro del lugar y las restantes se repartían por el salón y las distintas mesas de bocadillos; el padre de la cobriza apenas había volteado a verla y no sabía si eso la incomodaba o le quitaba tensión.
—Alejémonos un poco— sugirió Caleb al tomarla de la cintura y girarla con él para llevarla a una mesa apartada.
Le