La chica ante sus ojos parecía haber crecido unos años en un par de horas, al rubio se le secó la boca y los ojos azulinos verdosos de ella lo detallaron mientras él no dejaba de verla, los zafiros ojos de Caleb cayeron al escote del largo vestido ajustado y carmesí, un ancho cinturón dorado, casi metálico, presumía la delgada cintura y las pronunciadas curvas de su joven esposa, la tela se ceñía a su figura y resaltaba la perfección de sus redondos y perfectos senos, mostrando no más de lo deb