Fuera de la mansión Blake, Ethan la esperaba impaciente dentro de su Maserati GranTurismo rojo. El motor seguía encendido.
Sofía sonrió al verlo. Una sonrisa automática, ensayada durante años.
Cuando había ido a la mansión esa mañana, no imaginaba salir tan bien parada. Ni siquiera buscaba perdón; solo tender un puente antes de quedarse en una posición demasiado incómoda.
Porque para Ethan siempre había sido poco más que un jarrón decorativo.
Para Catalina, una herramienta.
Para su padre, u