La fiesta comenzó a reacomodarse poco a poco en el salón principal. Las conversaciones recuperaban su tono festivo, las copas volvían a alzarse, y la música se mezclaba con las risas forzadas de aquellos que intentaban olvidar el espectáculo del jardín. Pero todos, absolutamente todos, seguían mirando de reojo a Valeria Blake. Con respeto. Con miedo. Con fascinación.
Ella, en cambio, permanecía junto a la piscina, en silencio.
Sus medias sobre el suelo de mármol, sus tacones habían quedado a