~ Amalia ~
El olor a metal, sudor frío y gasolina del muelle B seguía aferrado a mi piel, a pesar de todas las duchas que me he dado desde entonces.
La imagen de Leo y el desdén absoluto de Dante al ver el sufrimiento se habían grabado a fuego en mi mente.
La venganza ya no era solo una promesa a mi padre, era una condena que yo debía ejecutar para terminar con la crueldad de Dante.
Ahora, en mi suite temporal en L’Ombra, estaba sentada ante la mesa de caoba que Lucas me había dispuesto para