—Me gusta, es una manía que tengo —encoge sus hombros al mismo tiempo que pone en blanco sus ojos—, oye, se escuchara atrevido, pero tengo ganas de saber que te trae a este lugar, ¡ya sé! Mal de amores—chasquea con sus dedos—, es que en tu rostro se puede ver—deja a un lado el vaso que estaba tomando para luego deslizar sus manos sobre la mesa sin tirar nada, hasta que llegan a mis manos.
Mis ojos van directo a sus ojos, y segundos después bajan lentamente, hacia sus voluptuosos pechos. La boca