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—Lista, gracias —me doy una última mirada en el espejo.
—Ya le dije que usted es bella, así como una modelo —dejó de tocar mi cabello, doy media vuelta y quedo frente a ella.
—Tú eres preciosa —le doy un beso en la mejilla—. Me caes bien y te considero como una amiga.
—Gracias —baja la mirada.
—Mírame —le exijo y ella obedece dejando ver esos ojos brillosos—. No llores por algo que es cierto y ahora saldré de aquí porque ese hombre debe estar aburrido y arrepentido de venir.
—Él verá que la