—Adal, puedo saber por qué no te has quitado esa ropa de hombre serio, tienes que ponerte ropa para entrar a la piscina —salgo de mis pensamientos al escuchar el bullicio de mi abuela.
Ella sigue intentando ayudarme, quiere que entre en razón, que me mantenga en familia para ver con mis propios ojos de todo lo que me estoy perdiendo.
—Abuela, no pidas mucho, esto es lo que puedes esperar de mí —paso mi mano por mi cabello y ella sonríe—, pero no le veo problema que ande así.
—No, vamos a tu hab