—Sí, quiero disculparme por la tardanza, no es excusa, pero tuve que pedir permiso a mi trabajo y… —ella guardó silencio al darse cuenta de que par paloteaba.
—Por favor, siéntate. ¿Quieres un café? ¿Té? —dice él en tono nervioso.
—Agua, por favor —ella pidió de forma de súplica, ya que había corrido demasiado
—Puedes ponerte cómoda sobre el sillón, luego pasaremos a la mesa.
Gisela asintió, caminó hacia la dirección, se sentó con elegancia en el sillón acolchado y cruzó las piernas. La sedosa