Bajaron lentamente del coche que los llevó a la boutique de novias. El lugar era obscenamente grande y de lujo. Las puertas se abrieron automáticamente para ser recibidos por un gran pasillo con enormes candelabros de cristal, una bonita recepción para no aburrirse en la espera. Sofás, sillones, sillas individuales, varias mesitas bajas; un stand con masitas dulces y saladas acomodadas de una manera muy llamativa, con fuentes escalonadas; floreros de rosas rojas, rosadas y blancas; una cafeterí