CAPÍTULO 08
El agente de policía me mira para luego cruzarse de brazos, lo veo jalar su silla giratoria que esta justo al lado de su escritorio. Se sienta, teclea algo en su ordenador para después mirarme de nuevo. Toca el puente de su nariz y arruga las cejas. Boto el aire retenido en mi boca por la frustración que todo esto me conlleva. Son casi las cuatro de la tarde y el calor en Barcelona es insoportable. Abanico un poco mi rostro para seguir peleando con e imbécil que tengo al frente.
—P