—¡Esto es una falta de respeto! —exclamó la anciana, levantándose de golpe—. ¡Si esa es tu decisión, entonces este compromiso termina aquí!
Su hijo también se puso de pie con el rostro endurecido.
—No vamos a quedarnos donde no nos quieren.
Ambos abandonaron la casa con paso apresurado.
La abuela de Nassira intentó seguirlos.
—¡Esperen! ¡No se marchen así!
Pero la puerta ya se había cerrado.
El silencio que quedó en la sala era pesado.
Cuando los ancianos volvieron la vista hacia su nieta, la de