Al día siguiente, Samyra llegó al hospital más temprano de lo habitual.
Los pasillos seguían igual de concurridos.
Enfermeras caminaban de un lado a otro, médicos revisaban expedientes y las camillas iban y venían con la misma prisa de siempre.
Era un ambiente que conocía de memoria.
Durante años había sido parte de él.
Sin embargo, aquella mañana todo se sentía distinto.
Mientras avanzaba por el corredor, muchos compañeros la saludaban con una sonrisa y alguna felicitación por el embarazo. Ella