Al día siguiente.
Samyra salió del hospital cuando el sol apenas comenzaba a calentar el aire de la mañana.
Después de tantos días entre pasillos blancos, monitores y olor a desinfectante, respirar al aire libre le resultó extraño. Caminó despacio por el jardín del hospital, disfrutando del silencio.
—Samyra...
Reconoció aquella voz antes incluso de girarse.
Nassira permanecía a unos metros de distancia. Vestía con elegancia, pero había algo distinto en ella.
Ya no caminaba con la arrogancia de