Al volver a casa, mi mamá no se despegó de mí ni un instante.
Mis hermanos, cuando tenían un respiro, regresaban con mis dulces favoritos o con regalos que sabían que me hacían sonreír.
Hasta pospusieron compromisos importantes sólo para acompañarme a recorrer los jardines y negocios de la familia Lorde.
En la Manada Bosque, casi nunca había sentido una calidez así.
Y poco a poco, comencé a sentirme mejor.
Tan bien, que apenas si pensaba en Diego o en Julia.
Sólo había una cosa que me inquietaba