No esperaba ver a papá y a mis tres hermanos apenas regresé.
Habían dejado sus asuntos pendientes, y en cuanto me vieron de lejos, corrieron hacia mí, tomaron mi maleta y me rodearon para llevarme a casa.
—¿Por qué estás más delgada? —preguntó mi hermano mayor, frunciendo el ceño con suavidad mientras me abrazaba.
—Y traes pocas cosas —añadió el segundo, apretando la mandíbula mientras jalaba la maleta.
El tercero refunfuñó con descontento:
—Ese Diego es un miserable. Nosotros tres le dimos tant