29. Nunca, jamás vuelvas a tocarme (Presente)
La mirada de Russell había abandonado el azul cielo para convertirse en un oscuro océano y, al mismo tiempo, era tan fría que recordaba a un maldito iceberg del que solo se puede observar una pequeña punta de las que ni siquiera te hace sospechar el enorme glaciar que oculta y no se puede observar a simple vista.
En ese instante Dimitry estaba seguro de que era cierto, no dudó que la amenaza de partirle el cuello era real, pero ya era tarde para retractarse, y tampoco era que deseara hacerlo, V