106. Nada me alejará de aquí.
—No pares… sigue arañando mi espalda— le exigía Russell saliendo de su interior solo para volver a entrar en él en una fuerte estocada que lo dejó clavado en su interior.
— Hazlo… necesito sentirte más, necesito ahh, joder, muévete.— exigía más a pesar de la dureza con la que su esposo lo tomaba y es que había sido demasiado tiempo sin ser capaz de tenerlo así.
Eran como dos animales, luchando mientras se follaban tratando de marcarse más allá de la piel, el americano no dudaba en morder y deja