No quería lastimar a Elora. No sabía que la situación se me iba a salir de las manos.
Ahora ya no podré verla y saber qué hace mientras no está conmigo. No quise ser rudo, no quise causarle dolor cuando me descubrió, pero su maldito rechazo siempre termina llevándome de vuelta a su voz de hace seis años, a través de aquella línea telefónica, cuando, sin ningún pudor, me dejó claro que era más importante su futuro que tener un hijo conmigo.
Ese rechazo creó en mí una rabia que me recorre todo el