Macarena salió de la oficina, se sentía perturbada por aquella inesperada reacción.
“Que tonta eres, Macarena. No debiste dejar que se acercara a ti” se dice a sí misma, mientras sus tacones resuenan por el pasillo.
Al llegar a la sala principal, Enrique conversaba con Camila, Alba en tanto había llevado a su abuela hasta su habitación.
—Creo que es hora de irnos, Camila. —dijo la elegante mujer.
—¿Tan rápido, mamá?
—Sí, hija. Debemos descansar. Mañana será un día ajetreado para tu hermana.