—¡A-aguarde! —tartamudeó.
—Soy yo, mamá. —contestó su hija.
Al oír la voz de Camila, Macarena sintió que el alma le volvía al cuerpo. Abrió la puerta y se refugió en brazos de su hija.
—¿Qué te pasa, mamá? ¿Por qué estás así? —preguntó sorprendida.
Macarena siempre le había hablado a su hija de su pasado, pero como siempre con un ligero cambio en su versión.
—¡Es él! —respondió nerviosa— ¡Es él!
—¿Quién mamá? —Camila estaba confundida.
—El hombre que abusó de mí. —murmuró:— Mario Fuenmayor, e