DOMINIC
Raina tenía que haber perdido la cabeza para pedirme algo así... y apenas unas horas después de que naciera mi hijo.
La miré fijamente, mientras mis emociones oscilaban violentamente entre la ira y la confusión. Sus palabras resonaban en mi mente, y cada sílaba me parecía más absurda que la anterior. ¿De verdad creía que me sometería voluntariamente a las maquinaciones de Vanessa? ¿De esa mujer despreciable?
—¿Hablas en serio? —pregunté en voz baja, pero cargada de incredulidad.
Los ojo