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capitulo 3. Buscando un nuevo inicio.

POV GAEL:

Golpeo la puerta del ascensor, ya cerrada, con una rabia que me consume por dentro. El rencor me envenena al pensar que mi esposa, mi Vanessa, espera el hijo de otro hombre.

¿Cómo es posible? Vanessa es mía, y aun así, en su vientre crece otra semilla, una prueba tangible de su infidelidad. ¿Qué es este sentimiento tan desagradable que me carcome por dentro, que me retuerce las entrañas? ¿Celos? No, Vanessa sigue siendo mi esposa, y sé que sus palabras solo fueron un torrente descontrolado, producto del dolor y la confusión. Ella me ama, lo sé en lo más profundo de mi ser. Jamás se atrevería a divorciarse de mí.

Después de todo, Vanessa luchó con uñas y dientes por ganarse mi cariño, por demostrarme su amor incondicional. Y después de casarnos, a pesar de sus largas horas de trabajo, de su dedicación casi obsesiva a su carrera, siempre encontraba la manera de dejarme mensajes amorosos, de prepararme el desayuno con esmero, demostrándome cuánto le importaba que sintiera su amor, su presencia constante en mi vida.

Hay tantos recuerdos buenos en mi memoria, tantos momentos felices que hemos compartido... Por eso sé, con una certeza inquebrantable, que es incapaz de dejarme, de renunciar a todo lo que hemos construido juntos. Aun así, una sombra de inquietud se cierne sobre mí, un miedo irracional que me paraliza. Pero estoy seguro de que, cuando le explique todo, cuando le revele la verdad detrás de mis acciones, volveremos a ser como antes, más fuertes y unidos que nunca.

Regreso a la habitación y escucho a los padres de Dora, ansiosos por la partida de Vanessa, como si mi esposa fuera una amenaza para su felicidad. Dora, en cambio, los consuela con una serenidad que me desconcierta, diciéndoles:

"Gael y yo nos amamos de verdad. Pronto, su empresa saldrá a bolsa, y todo estará bien. Yo confío en él".

Al escuchar esas palabras, un torrente de orgullo recorre mi cuerpo, inflándome el ego como un globo a punto de estallar. Sí, pronto seré el CEO de una empresa que cotiza en bolsa, un hombre poderoso y respetado. Y Vanessa, sin duda, elegirá volver a mi lado, porque sabe que conmigo tendrá una vida llena de lujos y comodidades.

POV VANESSA:

Una hora después, llego a casa, con el corazón latiendo con una fuerza descontrolada, como si quisiera escapar de mi pecho. Comienzo a guardar todo lo que puedo, con movimientos torpes y apresurados, en el menor tiempo posible. No sé cuándo llegará Gael, y esa simple idea me aterra, me paraliza el cuerpo. Pensar en la traición que viví hoy, en la puñalada trapera que me asestaron por la espalda, me revuelve el estómago, me provoca arcadas incontrolables. Este día, que comenzó con tanta felicidad, con la ilusión de celebrar nuestro aniversario y de compartir una noticia maravillosa, termina siendo el peor de mi vida, un infierno en el que arden todas mis esperanzas y sueños. Todo mi amor, mi esfuerzo, mi dedicación, fueron ignorados, pisoteados, ultrajados de la peor forma posible.

Sentada en la cama, con el cuerpo tembloroso y la mirada perdida, miro por última vez esa fotografía de nuestra boda, ese recuerdo de un día feliz que ahora se ha convertido en una burla cruel.

¿Cuánto tiempo llevan engañándome, mintiéndome a la cara, burlándose de mi ingenuidad? Un embarazo dura nueve meses, así que seguro llevan más de un año acostándose a mis espaldas, disfrutando de su romance clandestino mientras yo me desvivía por ellos, por nuestra familia. Tiempo suficiente para confesar la verdad, para arrepentirse de sus actos, pero prefirieron callar, ocultar su infamia, y eso lo dice todo. Ni siquiera me animo a imaginar lo que planeaban hacer si esto no hubiera salido a la luz hoy, si su secreto no se hubiera destapado de la forma más dolorosa y humillante posible.

Con las manos temblorosas, contacto a mi abogado para tramitar el divorcio lo antes posible. Escucho el tono, una y otra vez, pero nadie contesta, lo que me pone aún más nerviosa, más desesperada. Siento que el tiempo se agota, que Gael puede aparecer en cualquier momento, y la idea de enfrentarlo me aterra. Por fin, después de una espera angustiosa, escucho la conexión.

"Buenas tardes, abogado Mendoza. Necesito que prepare mi divorcio de inmediato".

"Buenas tardes, señora Ramírez. Comprendo su urgencia. Dígame qué exige y lo prepararé ahora mismo".

Estaba nerviosa, al borde del colapso, casi entrando en un ataque de pánico. Quería que entendiera mis palabras, que comprendiera la gravedad de la situación, pero salían a toda prisa, atropellándose unas a otras, sin control.

"Quiero la mayor parte de todos nuestros bienes, todo lo que nos pertenece. Mi esposo ha cometido infidelidad, y no pienso dejar que se quede con nada".

"Disculpe la pregunta, señora Ramírez, pero ¿tiene pruebas que demuestren la infidelidad de su esposo?"

"La prueba es el hijo que acaba de tener con mi hermanastra, una prueba irrefutable de su traición. También tengo una grabación que relata todo lo sucedido con lujo de detalles, una confesión que lo hunde por completo".

Su silencio es incómodo, prolongado, casi insoportable. Me doy cuenta de que estoy actuando como una loca, de que mi desesperación me está llevando a cometer errores. Pero quiero todo solucionado, quiero salir de este infierno lo antes posible, quiero dejar atrás este dolor que me carcome por dentro.

"Ya veo, señora Ramírez. Entiendo la gravedad de la situación. Espere mi llamada, apenas lo termine me contacto con usted".

"Algo más, abogado Mendoza. Necesito que cancele todos los permisos que mi padre tiene directo a mi cuenta. No quiero que vuelva a tocar un solo centavo de mi dinero. Que se pudra en la miseria, después de todo lo que me ha hecho".

"¿Quiere iniciar una demanda formal para que se le sea devuelto todo el dinero que su padre ha tomado de su cuenta?"

"Por el momento, solo eso. Lo otro lo pensaré mejor cuando tenga la cabeza fría, cuando pueda ver con claridad el camino que debo seguir".

"Ahora mismo comienzo con su pedido, señora Ramírez. La mantendré informada de cada paso que dé".

Luego de colgar, con el cuerpo tembloroso y la mente confusa, reviso los correos y veo la notificación del hospital y la oportunidad de trasladarme temporalmente a M City. Después de tres años de estancamiento, podría pedir otro ascenso, volver a crecer profesionalmente, alejarme de este infierno.

En mis recuerdos, vuelvo a aquellas veces en las que dejé ir tantas buenas oportunidades de trabajo, tantos proyectos ambiciosos, por mantener mi matrimonio, por complacer a Gael, por construir una familia que ahora se ha desmoronado como un castillo de arena. Ahora, sonriendo amargamente mientras acaricio mi vientre, le digo al bebé que crece aquí, ajeno a todo el dolor y la traición que me rodean:

"Aunque no tengas un padre, tendrás una madre que te amará con toda su alma, que hará todo lo posible por protegerte, por mantenerte a salvo, por traerte al mundo en un ambiente de paz y armonía. Los dos seremos muy felices, te lo prometo. Te daré todo el amor que mereces, y te convertiré en un hombre de bien".

Con una determinación renovada, escribo "SÍ" para postular al traslado, sintiendo que una nueva esperanza renace en mi interior.

Con todo listo, salgo de casa sin mirar atrás, dejando atrás los recuerdos dolorosos, las mentiras y traiciones. Nada en esta casa merece ser llevado conmigo, y mucho menos los secretos que estas paredes ocultan, los fantasmas de un pasado que quiero olvidar.

En mi coche, con el corazón latiendo con fuerza y las manos temblorosas, lo primero que hago es sacar un boleto de avión, sintiendo que por fin puedo respirar, que por fin puedo escapar de este infierno.

Con el dolor de los recuerdos aún latente, pero con la esperanza de un futuro mejor iluminando mi camino, sonrío nuevamente mirando el cielo despejado, sintiendo que una nueva vida comienza para mí.

—Ellos no merecen mis lágrimas, ni mi tristeza, ni mi dolor. Yo hice todo lo que pude, y muchísimo más, y no me arrepiento de nada. Llegó la hora de pensar únicamente en mí y en mi bebé, de construir una vida nueva, lejos de la mentira y la traición. Que el cielo los perdone, porque yo no creo poder hacerlo en esta vida.

▪︎ ▪︎ ▪︎ ▪︎

En mi tercer día en M City, ya tengo un bonito apartamento donde vivir, un refugio seguro donde puedo ser yo misma, sin máscaras ni pretensiones. Me alegra ver que he podido conectar bien con mis compañeros de trabajo, que me han recibido con los brazos abiertos, ofreciéndome su amistad y apoyo incondicional.

Incluso el aire tiene un aroma diferente aquí, un aroma a libertad, a esperanza, a nuevos comienzos. Lo único que no ha cambiado es este niño hermoso que crece dentro de mí, este pequeño ser que me da fuerzas para seguir adelante, que me recuerda que la vida sigue, a pesar de todo el dolor.

Para poder sacarlo adelante sola, trabajo todo lo que puedo, haciendo nuevamente horas extras, aprovechando antes de que me sea más difícil, en cuanto mi embarazo avance. Quiero darle a mi hijo todo lo que necesita, y sé que con esfuerzo y dedicación, lo lograré.

—Doctora, ¿otra vez trabajando hasta tarde? —me pregunta una dulce enfermera, con una sonrisa amable.

—No tengo de otra —le respondo, con una sonrisa cansada—. Todo sea por el bebé que llevo en mi vientre.

—Un hijo siempre es una bendición —me dice, con ternura—. La felicito y le deseo lo mejor.

—Gracias —le respondo, sintiendo que sus palabras me reconfortan el alma.

Mientras esa dulce enfermera se va, observo por la ventana cómo comienza a llover, sintiendo que la lluvia lava mi alma, llevándose consigo todo el dolor y la tristeza. Luego de unas cuantas rondas, reviso la hora y me doy cuenta de que es muy tarde. Ya cansada, tomo todas mis cosas y salgo a esperar un coche para volver a casa.

En la acera, reviso mi celular, esperando obtener respuestas de mi abogado, cuando una furgoneta negra frena delante de mí, interrumpiendo mis pensamientos. De esta bajan dos hombres vestidos de negro, con rostros sombríos y miradas amenazantes. Intento correr al darme cuenta de lo que está pasando, pero uno de ellos me sujeta del cabello, tirando de mí con fuerza, sin darme tiempo a reaccionar. Me suben al auto a rastras, mientras siento cómo el miedo invade cada parte de mi cuerpo, paralizándome por completo. Intento luchar, gritar, pedir ayuda, pero su fuerza bruta me impide siquiera moverme.

Estaba aterrada, con el corazón en la boca, abrazando mi vientre con fuerza, protegiendo a mi bebé de la amenaza que se cierne sobre nosotros. No podía permitir que lastimaran a mi hijo, mi única razón para seguir adelante.

 

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