Mateo, ya en su oficina, oyó el alboroto. Levantó la vista para ver a Jasper entrar furioso, pero continuó firmando el último documento con total calma.
Esta actitud imperturbable enfureció aún más a Jasper, quien golpeó el escritorio con el puño, haciendo temblar todo lo que había sobre él.
— Mateo, eres un maestro de la manipulación. No solo te hiciste pasar por mí para acercarte a Alana, sino que ahora la has contratado en tu empresa. ¿Qué es lo que pretendes? — escupió Jasper con rabia.
Pese