–¿Esta es la casa de Júlia?– preguntó el hombre en la puerta, con tono firme y serio.
–Es… Sí– respondió Joaquim.
–Me gustaría hablar con ella–
Joaquim miró hacia el interior de la casa, mirándome, y mi corazón se aceleró aún más.
Hesitante y con miedo, caminé hasta la puerta, y Joaquim la abrió más, haciéndose a un lado.
Era realmente él. Leonardo estaba allí frente a mí, en mi casa. Ahora que sabía la verdad, todo lo que sentía era ganas de abrazarlo y disculparme por todo, pero tuve que cont