A la mañana siguiente, nuevamente me desperté temprano y preparé el desayuno para Leonardo y me senté con él en la mesa; tenía que ganarme su confianza, mantenerlo tranquilo para que confiara en mí.
–Hoy voy a llevar a Dália al parque, ¿puedo?– le informé mientras lo acompañaba hacia la salida.
Leonardo se volvió sonriendo. –Claro, si ella está contigo, sé que no tendré que preocuparme por nada. Avísame si necesitan algo–
–Está bien, buena suerte en el trabajo–
–No necesito suerte, solo necesit