Dália sintió el rostro calentarse instantáneamente y las palabras se le trabaron en la garganta. Desvió la mirada, intentando disimular el nerviosismo.
— ¿D-de qué estás hablando? ¿Qué tontería es esa? — tartamudeó, sintiendo las manos sudorosas.
Sofía llevó la mano a la boca, impactada por la reacción exagerada de su amiga. El silencio y el rubor de Dália decían más que cualquier confesión.
— Realmente estás enamorada de él, ¿no? — preguntó Sofía, con los ojos brillando de curiosidad.
— ¡Deja