— ¡Responde! — exigió Dália, con la mirada firme sobre el guardia de seguridad.
— Sí. Si fuera para ayudar a una cliente, lo haría. Mi trabajo es proteger y brindar apoyo, no importa cómo — afirmó Sebastian, manteniendo un tono profesional y frío.
Dália sintió su corazón hundirse, mirándolo con una mezcla de dolor y rabia.
— Ah, entonces imagino que ya lo has hecho antes, ¿no es así? Me pregunto qué otras cosas has hecho para “agradar” a tus clientas.
Sebastian permaneció en silencio, sin quere