El rostro de Antonio se tornó sombrío. Giró la cabeza y lanzó una mirada gélida a la sirvienta.
Ella se sobresaltó, esbozando una sonrisa nerviosa.
Pero antes de que pudiera decir algo, Antonio le arrebató el cuchillo y le hizo dos cortes profundos en la cara.
—¡Aaaah!
La sirvienta soltó un alarido de dolor, cubriéndose el rostro.
La sangre manaba entre sus dedos.
Carmen se quedó atónita.
Tras un silencio mortal, estalló de furia, temblando incontrolablemente —¡Estás loco, completamente loco...!