El hospital estaba en silencio, salvo por los pasos ocasionales de las enfermeras y el suave zumbido de las máquinas.
David caminaba de un lado a otro por el pasillo, fuera de la sala de examen, apretando y desapretando las manos. Su mente iba a mil por hora. Desde que Judy se desmayó ayer, no había podido dormir bien. Sus pensamientos daban vueltas alrededor de su fragilidad, su repentina indisposición y el temor de que algo les hubiera pasado a ella o al bebé.
Se detuvo cerca de la ventana, m