David Jones hizo su arribo a la propiedad a una hora sumamente tardía aquella noche.
La residencia se percibía sumida en un absoluto mutismo. Excesivamente desierta.
Las luminarias del salón principal se encontraban atenuadas al mínimo, confiriéndole al extenso pasillo una atmósfera de profunda oquedad y melancolía. El eco de sus calzados contra la superficie del suelo resonaba de forma sutil pero constante. Cada uno de sus pasos denotaba una pesadez inusual, como si su propio fuero interno car