ARIA
Helena ordenó a Terry y Zael que fueran a la garita del norte para informar sobre la situación.
¿Por qué los centinelas no respondían al teléfono? Eso nunca pasaba. Si necesitaban dormir o patrullar, se turnaban, y siempre había alguien pendiente.
Era extraño.
Debí reflejar mi nerviosismo en la cara porque Helena se acercó, me tocó el hombro suavemente y me miró directamente a los ojos. Luego, con la misma mano, me acarició la cabeza y dijo:
—Bien hecho.
Sentí que las lágrimas querían esc