(PRELUDIO)Hace 100 años.
EL ANTIGUO
Con la mano libre, la giré suavemente y levanté su vestido. Alineé su cuerpo con el mío, sujetándolo por la cadera, y deslicé la otra mano, que antes había estado en su boca, hasta su cuello, apretando con firmeza.
—Ahora…tengo que castigarte…no me gusta que digas que no podemos estar juntos…
—Yo... —intentó decir algo, pero sus palabras se desvanecieron en el instante en que le dí la primera embestida.
Ella gimió y pude notar su cuerpo estremeciéndo