Fernando.
—Las cinco de la tarde —Me digo a mi mismo luego de ver el reloj que tengo en mi brazo izquierdo y me apresuro a dejar todo completamente organizado, para cerrar la puerta de mi oficina. Muy seguramente mi esposa tiene que estar un poco desesperada, a esta hora deberíamos estar con nuestros hijos en la mansión, pero este día ha sido desesperante que nos atrasamos en tantas cosas por culpa de Justo y sus pretensiones.
Rápidamente salgo del elevador y camino hacia donde se encuentra Lil